sábado, 19 de mayo de 2012

LOS CAPRICHOS REALES DE LA NATURALEZA

Dicen que la naturaleza es caprichosa y este año asi lo hemos confirmado. Enero empezó literalmente movido, con temblores de tierra que nos pusieron a hablar del triangulo de la vida y que lograron crear conciencia de la importancia de dormir con ropa. Cuando se suponía que ya el fresquito del simbólico invierno de nuestro país era cosa del pasado, en pleno febrero muchos ni siquiera encendimos el aire acondicionado. En marzo, iniciando la primavera, el calor aún se asomaba tímidamente y con cierta decencia. En abril, la Madre Naturaleza nos refrescó la memoria de lo agobiante que es el calor en esta isla. No así mayo, que ha entrado tan lluvioso como todos los años y con días tan calientes como frescos.

Pareciera que la naturaleza nos ha hecho un favor con tantos meses de brisa fresca o que a partir de junio nos pasará factura con un clima que promete ser intesamente caliente. Lo cierto es que el cambiante estado parece decirnos a gritos que como planeta andamos mal y que los cambios climáticos, lejos de favorecernos nos afectan a todos los seres humanos.

Igual de generoso y largo como ha sido el fresquito con nosotros, en esa misma medida vendrá el verano con sus abanicos, con las altas facturas de electricidad por el uso prolongado de aires acondicionados, con las playas abarrotadas, con las piscinas plasticas en medio de las calles, con los infartos, con el yun yun y el frío frío y con las añoranzas inútiles de que vuelvan los meses fríos, sin caer en cuenta que ahí no mandamos nosotros. Somos peones de la naturaleza y en el afán de poder de los seres humanos, hemos perdido de vista ese aspecto.

La reflexión sobre los cambios en el ambiente ha tomado años y esfuerzo para que los habitantes de la tierra logren entender mínimamente la importancia de cuidar el planeta. Documentales, charlas, campañas de concientizacion, educación en las escuelas que habla de los daños irreversibles al medio ambiente, el uso desmedido del agua, la contaminación en sentido general, la deforestación, la importancia de cuidar las selvas y el verde del planeta, y los efectos de la matanza de animales alrededor del mundo con fines de utilizar sus pieles, pelaje, colmillos o como simple y pura práctica cavernaria o de tiempos medievales.

Una tarea nada fácil, aquella de lograr que se entienda que lo que tenemos hoy puede que no esté mañana. Y no es para menos, porque todo apunta a que las agresiones al medio ambiente no tienen que ver con estatus social, raza o color de píel. O al menos así se confirma cuando se lee en la prensa que el Rey Juan Carlos, figura emblemática y de respeto de la realeza, sufrió una lastimosa caída que le fracturó la cadera en tres partes, porque al parecer las noticias y las campañas a favor del medio ambiente no le llegan hasta el Palacio de la Zarzuela y a sus 74 años de edad decidió salir de safari en Botsuana a cazar elefantes.

Por suerte, queda la reflexión completa y Su Majestad ha confirmado la teoría de que nadie pasa con ficha, es mas o menos lo que deja dicho la ley del karma, que habla de causa y efecto y que puede ser fielmente aplicada a los humanos y la naturaleza. Sino pregúntele a los elefantes en Africa, que han de estar muertos de risa mientras el Rey se recupera en España de una fractura y de ser blanco de verguenza mundial.


domingo, 6 de mayo de 2012

EL FMI NO SABE LO QUE ES VIDA


Entre un ciclo y otro de la lavadora, ella me dice que sabe de todo. En mayo del año pasado, para el dia de las madres, con sólo doscientos pesos logró comprar flores para elaborar cinco arreglos que vendió ese mismo día; ha leido libros de medicina naturista, se siente en plena capacidad de preparar remedios y sabe leer la taza; hizo un curso de masajes y brilla ollas como nadie a pesar de que se le zafa la muñeca de vez en cuando; macramé, costura, colchas, cortinas, muñecas sin rostro, manualidades y cuando se apretó, aún mas la situación, fue capaz de pegar blocks en una construcción y limpiar tumbas en un cementerio. A sus 56 años, no se detiene y cada sábado asiste a clases de pintura.

En esos mismos días grises cuando el cielo no decide su matiz, una niña de 10 años, ante mi pregunta de por qué no fue a la escuela ese día, responde que tuvo que despertar a las 5 de la mañana para ir con su mamá a tomar un turno en "El Angelita" y que un médico pediatra le revisara los resultados de unos análisis. Sin parar un segundo me sigue contando que por mala suerte, hubo que tomar la muestra de nuevo y tendrá que repetir la misma rutina madrugadora la próxima semana. A modo de desahogo se queja conmigo del hambre que le atacó en plena diligencia pero victoriosa y con una sonrisa sobrecargada de inocencia me habla casi derretida de los exquisitos yaniqueques que vende una señora en un puesto cercano a la casa. Y eso, al final de la tarde, entre el paseo y el manjar, fue prácticamente la recompensa del día.

Del otro lado de la ciudad, una mujer de 60 años, madre soltera de tres hijos adultos, vive de una pensión que le corresponde por más de 30 años de labor intachable en una oficina del Estado, que a duras penas le alcanza para mal comer y más nada. Con el rostro cansado, el pelo poblado de canas y con ojos intensamente azules que hablan de la belleza en sus años de juventud, dejó de trabajar y se dedicó a cuidar a su madre de 94, paralítica, senil y con la terquedad infantil que regala la vejez y a su hijo de 30 y algo, con la condicion especial de Sindrome de Down. Las adversidades le han concedido la dignidad para no terminar en la calle pidiendo y de paso hasta la fuerza fisica de un hombre.

Mientras tanto, y como enajenados de la realidad, el Fondo Monetario Internacional ocupaba los titulares de los diarios del mundo con una preocupación sentida de que la gente viva más de lo esperado.

El FMI habla de lo que los economistas llaman "riesgo de longevidad", de la amenaza que representa el hecho de que el promedio de vida aumente y lo costoso que sale aquello para las finanzas públicas, lo que me hace pensar en las vergonzosas pensiones que se asignan a la gente del pueblo, sino que le pregunten a la mujer de 60 que hace magia para comer con lo que le sale de pensión.
Llegan incluso a proponer el retraso de la edad para jubilarse y de inmediato pienso en los cañeros que sin perder las esperanzas siguen piqueteando el Congreso Nacional para ver si por un golpe de suerte terminan de pagarles su dinero y dejan de morir en la pobreza extrema o por falta de recursos para comprar medicamentos.

Por eso mientras el FMI habla de vida, me pregunto qué vida? Si ellos no saben de vida. Lo único que nos salva es la esperanza, por suerte esta gente la mantiene viva, han aprendido a echar el pleito dignamente y a ser felices por encima de todo, y eso debe molestarle mucho al FMI porque nos hace vivir mas. La próxima vez que cante cumpleaños feliz y desee muchos años más, piénselo bien!...una parte del FMI y Christine Lagarde debe sufrir ese canto.

sábado, 5 de mayo de 2012

DONDE ESTA LA PAZ?

Como el diablo a la cruz, así le huye la gente a la ciudad cuando llega la Semana Santa. Playas, ríos, montañas, cualquiera que sea el destino, el éxodo empieza desde el miércoles en la tarde y alcanza la cúspide el jueves santo al mediodia cuando las oficinas terminan la jornada de trabajo y los empleados salen como liberados del yugo opresor de la esclavitud para dejar atrás el único lugar que después de todo, guarda un poco de aquello de Santa que solía tener la semana.

Con la excusa de escapar de los tapones, del bullicio, del opaco concreto y el asfalto y en estos días de campaña, del caravaneo y el proselitismo, un gran porcentaje de los dominicanos abandona la ciudad para pasar los días en algún punto del interior persiguiendo la tranquilidad que usualmente brindan los campos, montañas y playas del país, cuando lejos de esa ilusión lo que sucede es que el caos se muda con ellos.
Los entaponamientos, el musicón, las imprudencias, los accidentes, las borracheras, el expendio desmedido de alcohol en los famosos drinks, los pleitos de marido y mujer con botellazos incluidos y la campaña con disco light y funditas disfrazadas de prevención se mudan con los vacacionistas para así prácticamente canonizar por cuatro días al año al caótico Santo Domingo.

Sin las voladoras y los choferes del transporte público recogiendo pasajeros donde le atrape la seña, cualquier trayecto que en días normales le toma una hora se resuelve en quince minutos; las calles vacías con un aire que raya en lo misterioso, como sacado de una película de suspenso; los bocinazos y las alarmas dislocadas dejan de sonar; los ruidosos motores del delivery toman un descanso; la guaguita que anuncia víveres y el que compra todo lo viejo se van de vacaciones y dan una merecida tregua al vecindario del estridente parlante que azota todas las tardes y el ambiente es coronado con un silencio y una tranquilidad que hacen que den ganas de celebrar Semana Santa dos veces al año.

Hipólito y Danilo dejan de ser noticia; no se conoce de encuestas; los sombreros de Margarita toman vacaciones; deja de importar si es Leo Núñez o Juan Carlos Oviedo; los apagones dejan de existir; no se habla de mulas y drogas; Industria y Comercio congela los precios de los carburantes; se olvida por esos días el tema de la corrupción y la vida de los dominicanos se resume a playa, sol, alcohol y comida en cantidades industriales, como si el mundo se fuera a acabar.

Fuera de los fatídicos boletines con el conteo de víctimas que emiten las autoridades y las cadenas de medios que transmiten e informan sobre la situación en toda la geografía nacional, la Semana Mayor nos da un respiro de cuatro días en los que hasta los periódicos dejan de circular. Los canales de televisión alteran su programación y entre películas desgastadas y La Pasión de Cristo, dejan de lado la cotidianidad y se olvidan por un rato las malas noticias, los debates, las opiniones y las novelas.

La desastrosa y cargada ciudad que se transforma en un remanso de paz para los que se quedan en ella se prepara para recibir el domingo  a los miles de vacacionistas que regresan a casa entre tapones kilométricos en los peajes como un presagio de la realidad que retorna. Mientras, los que nos quedamos aquí y nos deleitamos con la despejada ciudad y la utópica idea de lo que pudo ser, anhelamos con ansias que regrese la normalidad con todo y su caos, porque como dicen por ahí, hasta la belleza cansa.

jueves, 12 de abril de 2012

¿REFLEXION O EMERGENCIA NACIONAL?

Sobrevivimos el movido diciembre entre las compras y las cenas, la resaca del año nuevo con el malestar económico, el fiao en San Valentin, el tumulto del Carnaval con sus historias de carteristas que viven del descuido y justo cuando se piensa que hay espacio para un respiro entre el caravaneo y la disco light de la campaña electoral, arranca la Semana Santa.

Lo que solía ser una semana propicia para la reflexión, el cuestionamiento de nuestros actos y dias perfectos para las actividades religiosas, hoy se ha convertido en cliché y para la mayoría sólo guarda relación con vacaciones en la playa, los descuentos en almacenes, el ron al 2 por 1, las largas horas de entrenamiento en el gimnasio con el propósito de lucir un traje de baño de portada y por supuesto las legendarias habichuelas con dulce.

Parecería una merecida tregua del desgastado discurso de los candidatos políticos, de los chismes entre bandos, los mentados pactos, las sabidas alianzas y el mismo ajetreo por unas elecciones transparentes, pero la ilusión sólo dura hasta la altura del peaje donde un mar de simpatizantes rojos, morados y blancos, reparten de todo a los viajeros, sin ánimo proselitista pero con el rostro clarito del aspirante a la presidencia en la cajita.

En teoría, una hermosa oportunidad de pasear con la familia, para descansar del trabajo o para darle calor a sus viejos en los pueblos del interior. Pero la realidad va divorciada de esta noble idea. La Semana Santa ya es sinónimo de caos en todo su esplendor y en esas condiciones a las autoridades no les queda más remedio que responder poniendo al país prácticamente en pie de guerra.

Los únicos cuatro días de vacaciones al año que requieren un operativo de más de 14 mil voluntarios, paramédicos y socorristas para trabajar en autopistas, avenidas y playas. Ambulancias en puntos estratégicos que presentan un alto riesgo de accidentes de tránsito. Tres hospitales móviles ubicados en las principales autopistas y en la concurrida playa de Boca Chica, que cada año recibe a miles de bañistas. Y por si todo esto fuera poco, la Policia Nacional le echa una mano y tira sus hombres a la calle.

Es que no es para menos, lo que se vive en el Hospital Dario Contreras, por citar un ejemplo, es aterrador y daría la impresión de que ciertamente el diablo anda suelto o la gente pierde la cordura. Los especialistas reciben allí desde los accidentes de tránsito más insólitos, personas intoxicadas por alcohol, hasta heridos a machetazos en riñas. Sobra decir que el funesto conteo de víctimas tristemente se estrena desde el primer dia.

Aunque la ciudad capital, queda desierta para los que deciden no salir de aquí y con un tránsito despejado que dan ganas de que sea Semana Santa todo el año, no cante victoria porque a partir del miércoles y como sacado de un cuento de fantasias, el Malecón se convertirá en un solarium con doce piscinas gigantescas, palmeras y hasta blanca y fina arena que vestirá de playa el tosco pavimento, para el disfrute de los dominicanos, por supuesto con la vigilancia permanente de agentes de AMET, Policía Nacional, Municipal y Turística, monitoreando la peculiar manera que tenemos para reflexionar.

Disfruten sus días de asueto, sus habichuelas con dulce y a Dios que reparta suerte.

sábado, 7 de abril de 2012

CON LA INTENCION DE SORPRENDER

Ante los detalles dicen que la intencion es lo que cuenta. Aunque a veces esa sana intención sirva de escudo a los olvidadizos, los descuidados o aquellos que carecen de creatividad cuando se trata de agradar, el esfuerzo y el empeño en quedar bien siempre se reconocen. Preparar una fiesta de cumpleaños siempre ha sido una manera muy bonita de hacer sentir querido e importante a quien suma un año de experiencias a su vida, pero cuando se trata de organizar una sorpresa, la intención vale por mil.

Hace tres semanas surgió en mi familia la idea de celebrar los 70 años de mi papá con una modesta reunión entre amigos cercanos a ritmo del merengue típico que tanto disfruta y que marca la esencia de todos sus dias. De manera ímplicita hicimos un pacto de discreción para lograr sorprenderlo y fue justo aquí cuando empezó la carrera.

Junto a mis hermanas, mi hermano y mami, aliados con el primer cómplice, Don Américo Mejía, nos embarcamos en la misión de sorprender a mi papá. Hacer la lista de invitados, hurgando en la memoria tantos amigos como se pueden hacer en nada menos que setenta años; ordenar la comida adecuada; comprar la bebida para los distintos gustos; coordinar con los músicos, que en su mayoría viven en el Cibao y que por lo general ocupan sus viernes tocando en lugares públicos; más el alquiler de las sillas, mesas, utensilios y personal para la fiesta. Salir airosos de la fiesta no era cosa sencilla.

Convocar amigos y organizar todo viviendo con el festejado fue todo un viacrucis, sobre todo cuando en la casa hay que cuidar que no escuchara por accidente cualquier conversación que le arrojara luces del plan; Insistir una y otra vez a los amigos en lo del factor sorpresa para evitar cualquier deslíz; recibir llamadas de personas que por lo general no hablan con mi mamá o conmigo, sin que nos delataran los nervios; Súmele a esas tareas, la más dificil de todas, mantener a un hombre adulto, curioso por naturaleza, inteligente y astuto como un zorro, totalmente ajeno de nuestras buenas intenciones. Sin contar con su inusual insistencia en no querer celebración y las puyas e indirectas a ver cual de todos flaqueaba y daba una versión distinta de los planes para ese día.

Celebrar los años en sí es motivo suficiente de regocijo, pero ser asaltado por seres queridos que acuden al llamado de la amistad con la intención noble de hacer esa noche aún más especial se convierte en el mejor regalo.
Lo que empezó como una modesta reunión terminó en una fiesta con más de cien amigos, rodeado de su Dulcita amada, sus hijos, sus diez nietos, casi todos los hermanos que viajaron desde el interior y seis acordeonistas que nos acompañaron esa noche como parte todos de una gran familia que celebraba la vida de mi papá. Hasta el cielo se unió a la fiesta y la luna junto a una tenue llovizna, a modo de regalo matizó la noche de gris para que hiciera juego con las dignas canas del festejado.
Armar toda la trama para dejar al cumpleañero con la boca abierta y los ojos mojados de la emoción, nos hizo sentir especial. Lejos de la sensación de que se agota la vida, nos llenó de vida y volvimos a ser adolescentes de 30, 40, 50 y hasta 70 años y más.
A pesar de lo complicado del proceso valió la pena hacerlo sentir tan querido por los verdaderos amigos de toda una vida y tan amado por una familia que guarda la intención de sorprenderlo por muchos años más. Bienvenidos sean tus primeros 70, papi!

sábado, 24 de marzo de 2012

DE LIO EN LIO

Una tarjeta paga la otra, es la teoria de muchos cuando se trata de saldar deudas y quedar relativamente bien con los bancos. La cultura del lío es la manera de casi todos los dominicanos para sobrevivir con lo poco o mucho que mensualmente reciben. Muchos por necesidad, otros por falta de orientación y los más, por la mala costumbre de incurrir en gastos innecesarios y no poner en práctica aquello de estirar los pies hasta donde le alcance la sábana.

En líos somos expertos, las acrobacias financieras que realizamos dejarían con la boca abierta a cualquier especialista de Wall Street. La manera de buscársela del dominicano, con el cuchillo en la boca, deja corto al mismo Rambo. Aunque puede que las formas sean desacertadas o hasta insultantes para cualquier economista, son un reflejo de la misma crisis que golpea la economía en todos los niveles o quizás culpa de la sociedad que exige más de cada uno, pero lo cierto es que cuando la piña se pone agria, el ingenio del ser humano se pone a prueba y obliga a buscarle la vuelta a la situación.
Los bancos han de guardar muchas historias que dan testimonio de estas habilidades. Tan común como el arroz con habichuelas es la vieja práctica de adquirir un préstamo personal sólo para salir de los lios, con la excusa de que así sólo se le debe a un banco.
Esperar cobrar la quincena para pagar una tarjeta de crédito y de esa misma tarjeta volver a sacar el dinero para pagar otras cosas. Y ni hablar de aquellos que dias antes de ir al consulado americano a buscar visa, le dan una falsa agilidad a una cuenta de ahorros que nunca habian usado y que de repente guarda los miles de pesos de los primos, los hermanos y los amigos cercanos, solo para impresionar al cónsul.
Si de líos hablamos hay que quitarse el sombrero ante los prestamistas. Ellos sí saben de lo que hablo. Son la digna representación de un mal necesario, que no mata al apurado pero le extiende la agonía. Siempre presentes en las puertas o pasillos de las oficinas sacan de empeño al más angustiado cuando el mes corre lejos de la quincena y se presenta un problema. El malsabor lo deja el momento de pagar los fatídicos réditos.

Del otro lado de la moneda está el san, el método más efectivo para aquellos que no tienen el buen hábito de guardar dinero. No sé de otro país donde una persona paga para que le guarden su propio dinero y se lo devuelvan meses después, pero a la larga es la única forma de comprometer al que todo lo gasta. El san es perfecto para completar el pago del primer carrito, el arreglo de la casa, el viaje al exterior o hasta la anhelada liposucción.

La vida sería perfecta sin la necesidad de los líos pero la realidad es que existen, están ahí y conviven con nosotros, son una tentación que se hace irresistible y que si no se manejan pueden ahogarnos, robarnos la tranquilidad y en muchos casos terminar de manera trágica cuando algunos deciden quitarse la vida por problemas económicos.

Si ciertamente la vida no es perfecta, le aseguro que dormir tranquilo y caminar por las calles sin esquivar rostros y cobradores está muy cerca de la perfección. Mantengase lejos de los líos, aprenda a ser feliz con lo que tiene, basta con mirar al pasado y comparar su presente y le apuesto que el futuro le promete una sábana mas grande con qué arroparse.

EL INEVITABLE ENCUENTRO

La larga espera de nueve meses de embarazo lejos de marcar el final de una etapa es más bien el inicio de un hermoso ciclo de vida. El hecho de dar a luz es especial por sí solo, traemos al mundo una pequeña criatura que depende de la madre y que es literalmente una parte de nosotras desde el momento en que se concibió.
Pero la historia color rosa tambien tiene sus matices. Ya mucho se ha hablado de las noches que se hacen eternas cuando los pequeños aún no definen su horario de dormir; del sacrificio de la lactancia entre dolor de espalda y desvelos; de la fragilidad de una vida que requiere cuidados especiales y toda la delicadeza del mundo; pero dejando a un lado todas esas situaciones la realidad nos lleva a encontrarnos con la parte estética y los cambios físicos que sufrimos las mujeres al finalizar el embarazo.
Sin importar qué tan bendecida sea usted con el metabolismo más complaciente y diligente que pueda existir o aunque su figura le despierte envidia a la misma Barbie en persona, el embarazo graba su estampa como para recordarnos la hazaña divina de regalar la vida. Las que han parido saben de qué hablo y las que no, conocen de alguien o han sido testigos de dichos cambios.
El embarazo trae consigo una ilusión tras otra. Son nueve meses soñando con un bebé saludable y hermoso; fantaseando con la habitación perfecta y comprando ropa y zapatos que probablemente no alcance el tiempo para ponérselos. El mundo rosado empieza a adquirir colores reales cuando tras el parto te miras en un espejo y te das cuenta que sigues luciendo embarazada sin estarlo y que aquello de salir del hospital luciendo la figura de antes sólo se ve en las peliculas.
El inevitable encuentro con esa dura realidad cae como un balde de agua fría que si no se maneja hasta con cierta actitud jocosa es capaz de provocarle una depresión a la más alegre de todas.
Hay que estar preparadas para que le pregunten en la calle cuantos meses tiene, justamente con el bebé recién nacido en brazos; es común que en la fila del banco o el supermercado, la cajera le ceda el turno por su condición de embarazada; y si tiene hijos o sobrinos, cuente con sus ocurrencias que pondrán a prueba su sentido del humor cuando le aseguren y le discutan que usted tiene un bebé en su barriga.
Tras nueve meses en los que las libritas lucen hermosas, en los que la enorme panza se roba el show, tras el parto y con la alegría de una nueva vida llega tambien la lucha por combatir esas libras que de repente ya dejaron de ser graciosas y que ahora no lucen coquetas en lo absoluto.
El reto de recuperar la figura no es cosa facil. Requiere voluntad para después de nueve meses de desenfreno complaciendo el apetito voraz y los antojos de embarazada, aplicar un régimen alimenticio estricto para deshacernos de ese odioso sobrepeso. Por suerte, se tiene en brazos la ternura de un bebé recién nacido que como el olor a pan recién salido del horno antes de sentarnos a comer, resulta ser la mejor motivación para emprender lo que sea.