lunes, 1 de octubre de 2012

UN HAIVANJOE Y MUCHOS CAÑEROS



Entre el ruido del escándalo que estremeció al país y el murmullo de una rueda de prensa convocada por el contralor de la República, Haivanjoe NG Cortiñas, para entre dientes renunciar a la pensión de 651 mil pesos mensuales que él mismo se asignó, he leído sobre Domicio Ulpiano, un jurisconsulto romano considerado como uno de los más grandes en la historia del Derecho.

Ulpiano cita como los preceptos fundamentales del Derecho “Vivir honestamente, no dañar a nadie y da a cada uno lo que es suyo”. Al leerlo, irremediablemente no logré dejar de sentir lástima por aquel personaje romano que en su momento de luz se llenó de inspiración y elevó sus ideales al más alto nivel sin contar con que aquí, siglos después un joven funcionario, lejos de sus 60 y tantos, en toda su capacidad de seguir trabajando, tendría un plan para hacer exactamente todo lo opuesto al legado de ese jurista romano.
Lejos de ser un servidor del Estado, que en teoría es quien debe velar por los intereses del pueblo, Cortiñas sólo ha confirmado que quien hizo la ley también hizo la trampa, al autodesignarse legalmente, como haciendo un traje entallado justo a su medida, una millonaria pensión con la que muchos dominicanos podrían mandar sus hijos a estudiar, evitar acostarlos con el estómago vacío o tener dolorosamente que engañarlos con agua de azúcar, si es que llega sin arena. Que sea legal no quiere decir que sea justo.
Las miles de personas meritorias que se echan a esperar la muerte viviendo entre la miseria, el favor de los vecinos y el día a día sin saber si mañana habrá qué comer. Gente de valor que ha hecho aportes incalculables a la cultura; deportistas que literalmente se han fajado a poner el nombre del país en alto; músicos pobres que mueren sin un techo y esperando una pensión, merecida por demás y que si suele llegar no alcanza ni una ínfima parte de la pensión de Haivanjoe.

A cuántos cañeros pensionarían con el cheque de Cortiñas? Cuantas muertes secas se evitarían de tantos trabajadores de la caña que llegan al ocaso sin recursos para los medicamentos? Hombres de piel quemada que el espejo les recuerda los 30 y 40 años bajando el lomo ante el sol y que hoy tienen que montar vigilia frente al Congreso o la Casa de Gobierno para que el Estado pague lo que, también por ley, les corresponde.
Haivanjoe NG Cortiñas está en su derecho de defenderse y el pueblo de enfrentar y rechazar una injusticia de esa magnitud. Que se modifique la ley y se modifiquen las conciencias de muchos funcionarios a ver si por fin a los cañeros, deportistas, merengueros típicos, maestros y gente verdaderamente trabajadora les toca su pedazo del pastel antes que termine la fiesta.

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