domingo, 11 de noviembre de 2012

HASTA QUIEN NO BUSCA ENCUENTRA

Dónde estás?, qué haces?, con quién andas?, en quién piensas?. La insaciable sed del ser humano por saberlo todo y el constante afán por saber más de la cuenta. Un sentir desmedido de controlar y de querer amar con sentido de pertenencia que se apodera de nosotros y nos nubla la razón.
Aquel instinto que nos mueve a preguntar, a indagar motivos ocultos y a explorar respuestas que le quedan cortas al indagador. Sin discriminar sexo, color ni religión, el gusanito de la curiosidad vive allí. Ese deseo hasta inconsciente de averiguar el trasfondo, cuando a veces ni existe, dejó de ser hace mucho un asunto exclusivo de las mujeres y se ve reflejado hasta con más agudeza en los hombres.
Los tiempos exigen más de la gente en todos los sentidos. Hoy una licenciatura dejó de ser suficiente en una hoja de vida; los profesionales apuestan por una maestría, una especialidad o un doctorado y constantemente se superan a sí mismos. Las escuelas no son las de antes, los bebés nacen sabiendo y los niños desarrollan una inteligencia extraordinaria desde tempranísima edad. Un telefóno ya es obsoleto si sólo sirve para hacer llamadas y si no tiene Twitter y Facebook, su vida quizás no parezca tan interesante ante los ojos del mundo.
La era del conocimiento avanza y con ella avanzamos nosotros por las facilidades que nos ofrece la tecnología entre  cámaras digitales, BlackBerry, Iphone, Androids, tablets, redes sociales, mensajería de texto y un millón de dispositivos más que hacen que la vida, el trabajo y las labores sean menos complicadas. Pero también en ese mismo sentido, la privacidad se ha vuelto un lujo.
Sin darnos cuenta, dejamos mucho de nosotros en las redes sociales y lo hablamos todo dejando un rastro imborrable en alguna fibra escondida de aquella enmarañada tecnología y en el cual es mejor ni pensar, porque a fin de cuentas la KGB dejó de existir y el ánimo no está para convertirnos en Sherlock Holmes.
El instinto voraz por saberlo todo se alimenta de ahí y también avanza con los tiempos. Las infidelidades quedan facilmente al descubierto ante el mínimo descuido del infiel y hablar mentiras se ha convertido en un verdadero reto cuando nuestros pasos quedan registrados en el historial de llamadas y hace quedar mal al más astuto.
Saberlo todo ya se ha vuelto muy sencillo y hasta para los que no buscan, no quieren saber, no preguntan, no revisan, no investigan, la información les llega sin perseguirla. Los tiempos de ahora hacen honor a la frase que reza que todo cae por su propio peso y a quienes creemos firmemente en que la verdad es como el corcho que siempre sale a flote.
La próxima vez que le tiente hacerse un video comprometedor o tomarse fotos para consumo interno, piense en la posibilidad de cualquier dejadez y el precio en la confianza de quien no merece el engaño. Porque aquello de que sólo quien busca encuentra ya murió con el pasado.

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