martes, 18 de agosto de 2015

EL MÁS VERDE DE LOS EJEMPLOS

Sin saberlo, mi vida ha tenido el toque verde las plantas desde siempre. Mis recuerdos están dibujados en mi mente y en mi corazón entre flores, colores y herencia verde de mi familia. Desde que recuerdo, los viajes a Nagua, la tierra de mis viejos, fueron siempre una oportunidad hermosa de propiciar encuentros con la naturaleza que la ciudad no podía ofrecerme. Visitar la casa de mis abuelos, era sin lugar a dudas una aventura verde divertidísima, interesante y que por demás, me marcó para toda la vida.
Un viaje en carro, que en aquellos años tomaba casi 4 horas, lejos del cansancio y las condiciones del viejo Datsun de mi papá, la aventura representaba para mí el chance de curiosear entre las flores y los matorrales y al final del camino, ser recibidos en la casa por el icónico almendro que todavía hoy adorna la entrada de la casa de madera.
 
De ese almendro, hay historias porque él mismo en sí es historia. Mi papá lo sembró en septiembre de 1963, dos o tres días después del Golpe de Estado a Juan Bosch. Sin saber y mucho menos imaginar, que 52 años después sus nietos disfrutarían de la bondad de su sombra y de sus frutos. Bajo esa misma sombra, el viejo almendro sirvió sus ramas para colgar en él un rústico columpio que mi abuelo Jorge fabricó para todos sus nietos; incontables fiestas y comidas familiares se vivieron allí con el viejo almendro como testigo de momentos felices y otros no tan alegres; y hoy el mismo almendro sigue brindando generosamente lo mejor de sí como un digno soldado que se niega a morir en el campo de batalla.

De igual manera, para recordar aquellos años se hace obligatorio mencionar el imponente árbol de toronja que se levantaba en el patio y que recuerdo con tanta dulzura, por aquello de las interminables jarras de jugo que mi abuela, Doña Banía, preparaba para nosotros.

Con mis abuelos, don Jorge y Joaquín, hombres de trabajo y de quemarse el lomo de sol a sol, viví y atesoro el ejemplo de verlos fajados en una parcela y disfrutar la cosecha que con esfuerzo y dedicación lograban después de ayudar a la tierra a parir sus frutos. Tomates y arroz en la tierra de Jorge y los plátanos de “El Bote” en la finca de Joaquín. Vaya herencia la que me concedieron a mí.
Hablar de Doña Lala, mi abuela materna, es pensar en rosas, jazmín y séfiro. Rosas rojas, rosadas, amarillas, coral, príncipe negro o cualquier color o variedad, eso era mi abuela. La pequeña jardinera en la fachada de la casa de pueblo, era todo un espectáculo y un verdadero deleite verla disfrutar de sus rosas y alardear de su tesoro. De ahí aprendió mi mamá el amor por las flores y sin lugar a dudas, de ella lo aprendí yo.

Asimismo, entre abuelos y mis padres, que en tiempos en que apenas se hablaba tímidamente de contaminación ambiental, que no se sabía de sostenibilidad ni mucho menos de conservacionistas, me enseñaron sin saberlo, con su ejemplo y con sus acciones, el amor por la naturaleza, el respeto al medio ambiente y la voluntad de sembrar no importa el método ni el espacio, cuando de verdad se le quiere ayudar a la tierra.

De vivir en una casa con patio, bajo la sombra de un árbol de guanábana, que sirvió champola hasta el cansancio y un cerezo hermoso que dolía de verlo florecido y parido de frutas rojísimas; nos mudamos a una casa en un segundo piso, y eso no les robó la voluntad de sembrar. Auyama, jengibre, chinola, cebolla, aromáticas de todo tipo y hasta batata se ha cosechado en la ordinaria azotea en el mismo centro histórico de la Ciudad Colonial.

Ejemplos me sobran y rememorarlos en unas líneas que no le hacen justicia a lo que habita en mi corazón con cada uno de esos recuerdos, me compromete a velar porque mis acciones sean las más justas y a que en cada terroncito de mi patio, logre dejar lo mejor de mi empeño y la esperanza de que mis hijos también retribuyan con amor todos los regalos desinteresados que nos da la naturaleza en cada amanecer, en cada flor, en la semilla que germina, en la inmensidad del mar y en el milagro de parir vida.

 Hablo a mis hijos del valor de la naturaleza, de su bondad, de lo endeble que es y de la urgencia que grita el planeta donde vivimos para que sea cuidado con esmero. Siembro y busco la manera de que ellos formen parte de lo que para mí es uno de mis más sanos pasatiempos; por eso, cada vez que los veo echando agua a las plantas o curioseando entre flores y aromáticas mientras yo me tomo el café, me veo en ellos y me alivio de pensar que en algunos años el relevo verde estará en buenas manos.

NOS MATA LA INMEDIATEZ

Presa del afán y de la prisa. Entre el eterno agobio por la primicia, el decir las cosas primero y recibir respuestas instantáneas, así se vive en estos días. La premura vive al acecho en nuestras vidas para dejar de lado el acabado fino y delicado que concede el tiempo cuando ha madurado las cosas. Los tiempos obligan a la vida expreso y con esta tendencia, vienen de la mano los errores y en el mejor de los casos, la urgencia en enmendar las falsedades, las mentiras a media y la desinformación.

No pasa un día en el que la vida no se haga más cómoda en manos de la tecnología; esa que nos ha puesto las cosas tan sencillas. Ya sea en el plano laboral, casi anulando por completo el papel o acortando distancias para una conferencia entre socios en Santo Domingo, otro en Japón y un tercero en Dubai a través de la computadora; o bien sea en las relaciones sentimentales y familiares que logran acercarse cálidamente gracias a plataformas que permiten conversar y verse los rostros sin demora y en tiempo real. Casi mágico, si se piensa en ese milagro de la tecnología.

Años atrás, pensar en la idea de un teléfono que permitiera ver el rostro de quien llamaba al mismo tiempo que conversaban, era casi lo mismo que pensar en autos voladores y personajes biónicos como sacados de los famosos dibujos animados Los Jetson. Cuando las computadoras eran aparatos a blanco y negro y cuando la tecnología en los hogares alcanzaba niveles privilegiados en aquellas familias con un televisor a control remoto.

Hoy la historia es otra y sigue avanzando, cambiando a cada segundo. De una manera tan asombrosa y veloz que casi asusta. Un ordenador, un teléfono celular, un televisor o una tableta sale al mercado hoy y ya en semanas lanzan un modelo que supera por mucho al más vanguardista. La tecnología se va superando a sí misma a cada instante.

Los periódicos han vivido en carne propia esta revolución y se refleja en ellos el paso inminente del tiempo que manda a avisparse, a renovarse y a moverse al son que tocan los nuevos ritmos. Las redes sociales, los diarios digitales y los blogs de información han desplazado en cierto modo a la prensa tradicional, precisamente por la necesidad de inmediatez que exige el ser de estos tiempos.

La gente demanda rapidez, los lectores reclaman agilidad en la información y desechan sin piedad toda noticia que en tiempo récord ya se convierte en fiambre. El lector se ha convertido en comensal implacable cuando se trata de consumir actualidad.

Sin embargo, con esa misma necesidad de premura y de rapidez llegan la desinformación, las noticias a media y por último, si es que existen indicios de ética y de formación, el tener que enmendar o reivindicar los errores. Ya se sabe y se conoce de la funesta práctica de matar antes de morir, tan contradictorio como real. Figuras de renombre son víctimas de dicha práctica, que anuncia su muerte en los distintos medios o a través de cuentas de particulares, práctica que pone en vilo a familiares y amigos cuando se enteran en las redes de la supuesta muerte de un ser querido, que en los muchos de los casos, está ajeno a dicho ruido mediático o sigue con vida en alguna sala de hospital. Sin contar con que, para bien o para mal, todos somos periodistas. Basta con tener un teléfono inteligente, estar en el momento justo y echar mano a un poco de ingenio, para convertirnos en reporteros. El rumor se ha vuelto ley cuando se trata de noticias.

Pero de periódicos a redes sociales, sin duda alguna la inmediatez ha hecho residencia fija en la mensajería móvil. Allí convive la prisa de la mano de las malas formas, los complejos ocultos tras un velo falso de cordialidad, la locura desmedida y el deseo desbordado de ser atendidos y servidos al instante. Entre el cotejo de “recibido”, el “online” y el “last seen” en las conversaciones de texto, han delatado al menos posesivo de los celosos y han hecho perder la cordura al más cuerdo de todo el equipo.

Las relaciones han seguido la línea de la tecnología y ahora para algunos, el cariño y el nivel de importancia se miden por la rapidez con que se responde al llamado de un saludo en whatsapp.
Pobre de aquel, que víctima del ajetreo de labores reciba un mensaje de texto, lo lea, lo guarde para responder más tarde y olvide por completo aquella misión. Tenga por seguro que será castigado con alguna carita o emoticon de las tantas que se guardan entre las más usadas, porque responder con palabras sería darle mucha importancia a quien ha herido nuestros sentimientos tecnológicos, por llamar esta nueva onda de alguna manera.

Haga de la tecnología un aliado, pero no permita que controle sus días y mucho menos que defina los niveles de amistad o de cariño por unas cuantas líneas en un teléfono que por mucho que se escriba, nunca podrá superar en calidez y en importancia a una llamada para dejar salir un “te quiero”, un “me haces falta” o el más dulce de todos los “cuando te veo?”.

Mientras tanto, cuídese de las señas en whatsapp; porque personalmente si le envío una manito con un pulgar arriba, en mi idioma tecnológico quiere decir que me importa poco y puede irse por donde mismo regresó.

*inserte una carita feliz aquí :)

martes, 11 de agosto de 2015

MI CUOTA DE AGRADECIMIENTO A BOSCH

El pasado 30 de junio se conmemoraron 105 años del nacimiento del profesor Juan Bosch. Una vida repartida entre la política y las letras y que a su paso dejó huellas indelebles y difícil de superar en brillantez y genialidad.

No vengo a hablar del Bosch político. De esos años en los que Balaguer, Bosch y Peña eran titulares y protagonistas del acontecer político, por asuntos de edad, apenas guardo vagos recuerdos, y por no traer por los moños aquellas inútiles campañas que apuntaban al descrédito. Pero lo cierto es, que usted puede estar de acuerdo o no con su trayectoria política o su proceder en la historia, pero cuando se habla del cuento, a Bosch hay que servirle su plato aparte.

En Juan Bosch se traduce el género del cuento en sí, en el más elevado y fino nivel. Del más difícil de todos los géneros literarios, El Profesor logró plasmarlo de la manera más hermosa y sencilla para que cualquiera lo entendiera. Esa manera tan llana y a la vez tan sofisticada y ricamente descriptiva de escribir sus cuentos que logra enganchar a la lectura a cualquiera, desde un niño de 8 hasta a un anciano en sus años extra que le quedan en la vida.

Hablar de Bosch no lo hace peledeísta, tanto como reconocer a Balaguer como escritor no lo hace reformista o rememorar los insuperables dotes de discurso y convocatoria de masas que lucía Peña Gómez en aquellos mítines, que ya dejaron de existir, en la cabeza del Puente de la 17, no lo oficializa a usted como parte del PRD.

Pero, si de ser justos se trata, con Juan Bosch estamos en deuda. República Dominicana le debe a Bosch y sus aportes literarios, haberse ganado un puesto respetable en las letras de América Latina y el grupo de escritores de la región. A base de puras letras con mensajes humanos y una protesta social tan fina y acabada como aguda y valiente en cada cuento, percibió el drama de principio de siglos en los campos dominicanos y logró plasmar esa vida tan dura de los campesinos en cada uno de sus cuentos, como una forma de decir las cosas y elevar su voz.

Y sí que lo logró. A 105 años de haber nacido y a 13 años de su muerte, sus cuentos y el drama que relata en cada uno de sus escenarios parecen haber quedado suspendidos en el tiempo y, sin contar con las comodidades de hoy y los avances del tiempo, parecieran que los escribió ayer. Los cuentos de Bosch, llevan con ellos una carga social tan rica que retratan a la perfección la esencia del pueblo dominicano, aún en estos días.

Una realidad social que se ve reflejada en “La Mujer” y que tristemente se respira, todavía, en esta sociedad y en todos los niveles que la componen. O el cuadro de pobreza, de atraso y de penurias que viven los hombres del campo y de lo que relata en un “Camino Real”, que al parecer resulta interminable para recorrerlo.

A Bosch yo le debo inspiración. Más que respeto, admiración y asombro ante su genio, con él estaré eternamente en deuda ante su generosidad cuando se trata de inspiración para el alma. Comencé con este deseo de escribir de manera formal, que se ha convertido en un ensayo interminable, a finales de los años 90 cuando mi papá, haciendo de ángel eterno protector y apoyador, me cedió un espacio en su columna en el desaparecido periódico Ultima Hora, y hoy tantos años después apelo a mi segundo artículo para agradecerle a Juan Bosch aquel golpe de inspiración que recuerdo, valoro y atesoro con cariño especial.

Le escribí a la lluvia, a la manera en que Bosch logró transportarme y embriagarme dulcemente con sus letras, hacerme sentir parte de esa historia, enamorarme de aquella prosa tan sencilla y cautivadora, que logra despertar la dulce envidia de cualquiera que disfrute leer o escribir. Tanto así, que con la lluvia logré recordar sus letras y traducirlo a las mías.

Tanto le debo a Bosch, que hoy, luego de muchos artículos escritos desde aquellos dulces tiempos de Ultima Hora y con las ganas de seguir aprendiendo intactas guardadas a flor de piel en el corazón, El Profesor sigue regalándome inspiración para escribir y rendirme ante tanta grandeza cuando de escribir cuentos se trata.

Hoy con mis letras, vestida de humildad y guardando con mucho respeto la distancia que merece un genio de tal magnitud, vengo a darle las gracias por la inspiración y por su aporte. Aporte que sigo leyendo una y otra vez y encontrando luces de inspiración de manera incansable.

“-Aquí no tiene que pensar. Pensaremos por usted. En cuanto a sus recuerdos, no va a necesitarlos más: empezará una vida nueva.”
(La Mancha Indeleble)

SOLTERA EN TIEMPOS MODERNOS

No vengo a quejarme. No pretendo ventilar detalles inútiles que a la gente poco le importan sobre mi vida personal. Pero sin miedo a perder, apuesto todo a que más de una mujer se siente identificada con lo que hoy toca escribir.

A nadie le gusta estar solo. Y hablo de esa soledad desmedida, desequilibrada y poco justa que a muchos, ya sea por decisión personal o por circunstancias de la suerte, les toca enfrentar. Cierto que el tiempo a solas se hace, más que necesario, saludable para todos los seres humanos. Esa necesidad de encontrarse con uno mismo que sólo lo concede la soledad y el cara a cara con su propio ser, si no se le complace al cuerpo, el se encarga de exigirlo y pasar factura con los años.

Hoy en día la individualidad, el espacio, el respeto a lo propio y el “mitad y mitad” marcan la tendencia en todas las relaciones interpersonales. Reclamar espacio y privacidad ya no es un asunto propiamente reservado para los hombres y no es visto como símbolo de libertinaje cuando una mujer en buena fe lo reclama. La mujer se ha liberado y el hombre está consciente de ello.

Una mujer divorciada, una madre soltera, una mujer independiente que ha hecho tienda aparte de los padres, ya dejó de ser vista como el blanco vulnerable de todos los hombres que pretenden endulzarla usando hasta a los hijos como carnada. Una mujer al frente de una casa ya no es la única presa fácil de los delincuentes. En su lugar, ha desarrollado la capacidad de enfrentar situaciones reservadas y encasilladas para “el hombre de la casa”; quizás por la misma necesidad de hacer frente a la realidad.

Una joven universitaria enfocada en sus estudios, que hace una maestría, un postgrado, una especialidad o un doctorado, reservando en un segundo plano las relaciones amorosas, ya no es vista como la nota discordante y fuera de onda de aquellos tiempos.
 
Joven, divorciada o asomándose a los años, ser soltera en estos tiempos requiere de una destreza a veces inimaginable para los hombres. Situaciones que toca sortear que van desde algo tan sencillo como buscar parqueo en una fiesta, hasta defenderse de los constantes ataques sociales del “pa cuando es?” de amigos y familiares o la mirada extraña de algunos que cuestionan hasta su sexualidad o sus habilidades para retener.

Contando con la imperante necesidad que impone la sociedad de que una dama tiene la obligación de pasearse del brazo de un hombre, así sea el marido un abusador desmedido o un holgazán que viva del cuento, la sociedad, a veces de manera sutil y otras tantas descarada, le exige a la mujer que desarrolle una capacidad de aguante en nombre de los hijos, del estatus social, de los pagarés de la yipeta o del apartamento que está a nombre de los dos y aún no terminan de pagar.

Pasando por la enorme cantidad de hombres casados que salen a la calle a pescar solteras y a echar el desgastado cuento de “estoy con ella por los hijos”, “ya estamos juntos por agradecimiento”, “vivimos en la misma casa pero dormimos en cuartos separados” o el mejor de todos “estamos juntos por los niños”. La capacidad que toca desarrollar a una mujer para resistirse a los encantos de un hombre experimentado, cariñoso, que sabe exactamente lo que quiere y necesita una mujer, quizás porque ya vive con una. Tarea difícil, cierto, pero tampoco imposible.

En ese mismo afán, aprender a detectar a tiempo las actitudes de un posible hombre abusador, por aquello de tantos feminicidios y que ninguna mujer quiere terminar enlistada en aquellas funestas estadísticas. Desde la relación con la posible suegra, la formación del hogar de donde viene, los padres y lo que ha visto en casa, hasta un posible choque de formación del hogar, que tarde o temprano en plena convivencia al pasar de los meses, le pasa factura y acaba con la hermosa luna de miel.

Y por si todo esto fuera poco, lidiar con la horrorosa cultura del “yo soy, yo tengo” que parece ser viral en una gran parte de los caballeros. Entre mentiras blancas, verdades a media y el inútil afán de impresionar y querer llenarle los ojos a la persona equivocada que finalmente termina mirándolo con ojos de lástima al pobre fanfarrón.

Es que el estatus de soltera ya no es sinónimo de poca belleza, de astronómicas exigencias o de falta de gracia. No se trata de que ser soltera esté reservado para las feas, las gordas, las flacas, las divorciadas, las alegres o las amargadas, es un estado civil de convicción y de eterno aprendizaje.

Moverse entre pulpos, mentirosos, falsos amantes, mujeriegos, lentos, controladores y casados mientras se espera por la felicidad, que puede llegar vestida de caballero como puede encontrarse en la plenitud de muchas otras cosas que nos regala la vida, mientras eso llega, sólo queda esperar con dignidad, con altura y con los ojos bien abiertos para disfrutar el viaje y atesorar buenos recuerdos para cuando los años lleguen.

viernes, 30 de mayo de 2014

EN EL PAIS DE LAS FAJAS, QUIEN RIFA UNA LIPO ES EL REY



Cuando creíamos haber sido testigos de todo lo absurdo, que por fin se agotaban las metidas de pata de los honorables legisladores y como no bastaba con el infame reparto de entre 50 y 100 mil pesos a cada uno de ellos para garantizar habichuelas con dulce en las pascuas pasadas, llega a nosotros la madre de los absurdos.

Como si se tratase de una competencia a ver quien se alza con el crédito de ser capaz de indignar más a un pueblo, la celebración del Día de las Madres en República Dominicana ha dejado un sabor extraño entre quienes elegimos senadores y diputados para que nos representen dignamente en el Congreso con la esperanza de que hagan aquello para lo que fueron escogidos, legislar y defendernos.

En un país podrido de necesidad, sumido en la pobreza y la falta de educación, con presupuestos ridículos para instituciones laboriosas, con hospitales disfuncionales donde se opera a luz de velas; arropado por la delincuencia, donde la vida no vale nada para el que mata por encargo y los Derechos Humanos son un negocio rentable para los delincuentes, los diputados se reparten 176 millones de pesos en electrodomésticos para regalar a las madres de sus respectivas zonas.

Entre estufas, neveras, licuadoras, planchas, juegos de habitación y de sala, tostadoras, abanicos, televisores, vajillas, vasos y platos, sólo faltó el famoso “muñecas y bicicletas” del doctor Balaguer para elevarnos a un recorrido gratis por el pasado. Por allá, por los finales de los 80 y principio de los 90 cuando se compraban votos y conciencias a papeleta, funditas, cemento y varillas. Una práctica que pensábamos en desuso pero que al parecer, jugar con la necesidad de muchos sigue rindiendo su efecto en las urnas.

No hace falta debatir sobre quien cae la culpa, si quien regala las fundas, las cajas o los enseres o quien hace la fila, rompe brazos y coge todo lo que le den. Lo cierto es que echarle mano a esa cultura arraigada y asociada a la falta de educación, que nada tiene que ver con la pobreza ni el barrio que se presta de escenario, se convierte en casi un insulto a un pueblo que está atento y a una parte de la población, que no es tan minoritaria tampoco, que no se doblega ante esos costosos favores que vienen de arriba y que cuando termina la interminable campaña electoral, nos pasa factura a todos. Incluso a los que no cogimos.

Y es que entre habichuelas con dulce, millones largos de pesos dominicanos y un diputado que rifa una liposucción a una madre “agraciada”, los legisladores parecen perdidos en el limbo de sus funciones y han perdido de vista la verdadera esencia de su trabajo. Siguen apostando a la ignorancia, a la necesidad que tiene cara de hereje y a la chabacanería de quien cogen todo menos golpes.

Y mientras ellos andan persiguiéndose el rabo, siguen pujando y forzando la capacidad de aguante de los dominicanos. Enviando el mensaje equivocado a quienes creen en ellos y a aquellos que con esperanza pusieron su empeño y su afán en llevarlos justo donde están y donde al parecer les gusta estar, arriba repartiéndose el festín.

Hablamos de 176.9 millones de pesos a los que instituciones como el Patronato de Ciegos, de Discapacitados, La Asociación Dominicana de Rehabilitación, Hogares Crea, los Bomberos, los hogares de ancianos, la unidad de diálisis del Padre Billini, el Hospital Infantil Robert Read Cabral y las miles de escuelitas que enseñan a la sombra de cualquier árbol, por sólo mencionar algunas de tantos lugares a donde pudieron haber llegado tantos millones de pesos y que seguro iban a ser vistos con mejores ojos hoy y mañana al momento de votar.

Cuando se quiere, existe y se pone en práctica la buena voluntad de todos los legisladores. Sin ánimo de meter en el mismo saco a todos, porque opinar desde las gradas en pelota ni política es justo y porque no sería razonable generalizar cuando hay hombres y mujeres de bien que ejercen sus funciones en el Congreso de manera limpia, justa y muy equilibrada y para quienes la inteligencia y la dignidad de un pueblo jarto, con jota, no es un chiste.

Que se acaben las licuadoras, las tostadoras, los juegos de aposento, las habichuelas con dulce y las lipo de Contreras mientras existan las fajas y las dietas, pero que no se agote nunca el ánimo de reclamar, de señalar y de someter cuando los legisladores fallan. A fin de cuentas, el pueblo los quita y los pone y nosotros somos el pueblo.

“Honorables, voten!”

lunes, 26 de mayo de 2014

ADOPTAR AMOR: LECCIONES DE VIDA GRATIS



El amor nunca pasa de moda, no descansa, no se va de vacaciones. Está en todas partes, se respira en cualquier lugar y lo encuentra donde usted menos espera. Así de bueno es, de generoso y complaciente.

Ahora imagine el encanto de adoptar amor, de acoger un ser que viene con dosis de amor garantizado y un millón de virtudes más. Y eso es el equivalente a adoptar un perro. Amor incondicional, lealtad, interminables horas de juego, ternura, cariño y protección garantizados en un solo ser y a cambio de muy poco.

Hoy me mueve a escribir ese amor, a compartir con ustedes mi experiencia y contagiarlos con esa fiebre de amor que hace meses mi familia y yo recibimos en casa gracias al favor de Doggie House, una maravillosa organización sin fines de lucro que busca proteger y garantizar los derechos a los perros de la calle en nuestro país.

Una labor titánica que arrastra sobre la marcha una lucha contra el arraigo cultural de aquellos que piensan que “los perros sólo son perros” y que en nombre de eso se dedican a maltratarlos sin una gota de piedad.

Doggie House, al igual que otras organizaciones como el Patronato de Ayuda a los Animales (PADELA), la Fundación Protectora de los Animales y la doctora Marilyn Lois, llevan a cabo junto a decenas de voluntarios y gente de buen corazón, la tarea de rescatar perros callejeros, acogerlos en refugios, acondicionarlos, castrarlos y darlos en adopción a personas que cumplan con los requisitos necesarios para ofrecerles un hogar a esos animales. Todo esto bajo condiciones económicas precarias que se limitan a donaciones y amparados en la buena fe y el amor.

En febrero recibimos a Kitty, una hermosa mestiza de un marrón chocolate intenso, con una mirada profunda que contaba sin hablar sus pesares, la inestabilidad de no tener un hogar y que había sido rescatada junto a sus hermanos en el parqueo de una institución pública en la capital. La experiencia de recibir aquel ser indefenso, de apenas 2 meses de edad pero con una inteligencia digna de un perro de academia de esos que uno ve en las películas que sus amos entrenan para recibir y llevar el diario a sus pies, ha sido maravillosa. Llegó a nuestro hogar asustada y esquiva por los embates que le había tocado enfrentar y ya en escasos días nos había demostrado a todos con su actitud, con sus ladridos y sus dotes de guardián, que el amor es capaz de transformarlo todo.

La luna de miel ha sido tan buena con Kitty, que hace unas semanas decidimos acoger un segundo perro y a nuestras vidas llegó Gris. Un mestizo hermoso, que como lo dice su nombre, tiene un color peculiar que pocas veces lo he visto, con un porte tan elegante y tan gallardo que es digno de admirar cuando asume como perfecto guardián. Desde el día que lo recibimos supimos que de él sólo recibiríamos ternura, amor y protección y no nos ha fallado. Gris fue rescatado con la cadera rota, luego de que un chofer lo chocara en una avenida concurrida y ni se inmutara con aquel impacto que casi le cuesta la vida a un animal inocente.

Cada perro guarda su historia y ciertamente muy pocas o ninguna, viniendo de las calles, escenario de maltratos y vejaciones, cuenta de alegría o de bondad. Esos perros, por el simple hecho de ser mestizos y nacer en la calle reciben de los humanos todo tipo de maltratos y aún en esas condiciones son ellos capaces de mantener su esencia y dar a amor incondicional a cambio. 

Seres que son ellos mismos una lección incalculable de vida que nos habla del perdón, de no guardar rencor en el corazón y de amar hasta que duela incondicionalmente aún cuando la vida y los demás no sean capaces de hacerlo.
Cada mestizo nos regala de manera gratuita la oportunidad de hacer lo correcto, de acercarnos al amor propio y de despertar ese sentimiento de desprendimiento que tanto hace falta en estos tiempos en el mundo que vivimos. Con ellos se trata de dar el chance a aquellos que por no tener raza o linaje, se les ha negado la oportunidad de ser plenamente felices con lo único que nos piden a cambio, la calidez de un hogar.

En tiempos en los que se habla de sicariato, que se mata por encargo, que se mata por error, que se engaña, que se sobrevive cada día expuesto a que nos ocurra lo impensable y que salimos a la calle “a la buena de Dios”, no es mala idea arrimarse a aquellos que brindan amor. Dejarse contagiar por ellos, que nos arrope la sensibilidad, que nos conmueva la tragedia y que no nos coma vivo la inercia y la indiferencia, sin duda alguna no es mala idea.


Adoptar un perro es darle la oportunidad de tener un hogar anhelado, de compartir lo que para usted es básico y para ellos lo representa todo, y de paso darse usted y los suyos el hermoso chance de amar, de dejarse amar y de poner en práctica las buenas formas que trae consigo el corazón y que la sociedad nos obliga a poner en desuso y darles de baja, sin pensar en las consecuencias que trae el desamor y la indeferencia.

Tómese la libertad de amar, de ser feliz, de comprender y de aportar con esas acciones su dosis de buena fe. De esas acciones que alimentan el alma y que se hacen tan insoportablemente necesarias en estos tiempos. Adopte o aporte su donación a estas organizaciones, que con ellos el amor viene siempre por partida doble.

CASADA CON LA REALIDAD Y SIN ESPERANZA DE DIVORCIO



No se conoce el significado de la palabra “compromiso” hasta que uno realmente se compromete con uno mismo. No por elección, más bien por convicción y porque la mente, el corazón o lo que sea que se asocie con la felicidad, le pide a gritos y hasta exige que termine haciendo lo que a cada uno en realidad le gusta y le hace feliz.

Tras unos meses sin escribir, que me han parecido interminables, entre compromisos, nuevos retos personales y cambios extraordinarios en mi vida, hoy regreso al ruedo y entre teclas, letras, ideas y un usual apagón de sábado por la noche confirmo una vez más que esto de escribir no lo elegí porque sí; que de hecho, ni siquiera me dio el chance de elegir, porque me escogió a mi y al parecer lo hizo desde siempre y para toda la vida.

Mi vida ha estado asociada a las letras desde que tengo uso de razón y la memoria me lo permite. Mis recuerdos están escritos en “Times New Roman” y pueden oler a tinta y a imprenta cuando cierro los ojos. Mi niñez estuvo repleta de periódicos, libros, cartas, postales y revistas de todas partes del mundo que llegaban por correo convencional de manos de Dominga, la eterna cartera de mi barrio en la Zona Colonial.


De máquinas de escribir, papel bond y correctores los conocí todos mucho antes de aprender a leer y a escribir y resultaba un cuadro muy común que una vieja grabadora fuera protagonista en mis horas de juego.

Pero lo que nunca supe fue que escribir se podría volver una necesidad y que la expresión del ser es esencial para quien se le hace la vida más cotidiana si le dan la oportunidad de escribirla en lugar de solamente hablarla.

En estos meses he confirmado una vez más que no existe forma humana de callar las ideas en la mente de quien siente la necesidad de escribirlas y compartirlas. No hay fórmula alguna para aquietar esa voz que demanda hacerse eco de muchos bajo la firma única y universal de un solo ser. Nada se compara con la sensación de un alma que escribe cuando es capaz de coincidir con muchos al mismo son, aún sin compartir el idioma, los pensamientos o la razón.

Aunque no se escriba, la realidad y la cotidianidad obligan a uno a sacar sus propias conclusiones en la mente y a escribir sus artículos mentales, por más descabellado que se lea. La vocación y el gusto de hacer lo que se disfruta hacen que uno termine titulando sus pensamientos.

La vida adquiere otro sentido cuando se le añade esa dosis de párrafos, letras y acentos. Y se le da la invaluable oportunidad de que la inercia no se apodere de uno; de no cruzar los brazos por más cómodo que sea adoptar esa actitud pasiva y borrega tan de moda en estos días en el nombre de tristemente encajar.

La muerte de El Gabo, que obliga a releerlo una y otra vez más, así sea por décima vez o hasta lograr que alguien le escriba al coronel; el vuelo eterno de Sonia que no detiene la música y las letras de “Andresito Reina” en mi cabeza, por más que intento aquietarla; la voz elegante de Cheo Feliciano con “Amada mía” que me sabe a mecedora en acera y noche de brisa fresca. Regalan a mi corazón interminables horas de inspiración.

Y de otro lado, la indignación y el asombro que no se separa de mi ser cuando leo titulares de películas que se apoderan de mi pedacito de tierra que solía ser refugio de paz y de gente noble.

Razones me sobran para no dejar de dar teclazos y en caso de que falle la tecnología, acudir a la vieja mascota y al lápiz y meterle mano a la realidad como lo llegué a hacer en mis inicios.

La realidad, la parte buena, la no tan buena, la que se esconde y la mala, me obligan a hacer lo propio y me mandan a ser feliz. A seguir escribiendo mientras no fallen las fuerzas y mientras ustedes me sigan haciendo el favor divino de leerme. Y como para mi la felicidad es innegociable, aquí me tienen, felizmente casada con las letras en este eterno matrimonio sin divorcio.